martes, noviembre 07, 2006

La naturaleza de los sueños

El sueño del Príncipe-Elector no es, ya lo advertí, un sueño. Sí un poema, así que está concebido para despertar en nosotros-lectores una emoción.
Mutis nos muestra a alguien que vuelve a su casa por caminos bien conocidos. Por accidente, por razones que él no entiende ni entenderá, su camino es repentinamente otra cosa, un callejón que le arrima a lo desconocido. Y lo desconocido se parece a lo acostumbrado, así como los ojos de la lamia le traen a la memoria sus visitas a sus primos en Valaquia.

El deseo y la prohibición de darle satisfacción le dan el sabor al poema: ahí, a tu lado, en tu mismo camino, están las aguas de lo otro, pero no son para ti. ¿A que ahora percibes como sosas, como tristemente obligatorias aquellas cosas que son tu día a día? El personaje desarrapado, que está ahí para dar sarcasmo a lo que podría haber quedado en simple extrañeza.
Mi mundo, tu mundo, nos dice Mutis, ¿qué son en la feria de los mundos? Somos almas provincianas, tan contentos cuanto ignorantes; comprenderlo abre una lesión que irá a más hasta tu último día.

Esto de las aguas inéditas y del bañarse en ellas me hace recordar un relato recogido por Martin Buber en sus Cuentos Jasídicos (que editó Paidós en cuatro volúmenes im-pres-cin-di-bles y ni siquiera carísimos). Un judío nos cuenta en un sucedido que parece un sueño el inesperado comportamiento de cierto santo rabí: en una ocasión de recogimiento litúrgico llamó al narrador, que era su amigo y ayudante, y le pidió que le acompañara a pasear. Muy sorprendido, le acompañó. Anduvieron largo rato y dieron al cabo con cierta pequeña corriente e agua en un claro, y allí decidió el Rabí quitarse las ropas y darse un chapuzón, y dicho y hecho. Se quedó mirando boquiabierto el amigo y ayudó a su maestro a secarse y vestirse, y volvieron al pueblo y todo fue como debía ser… Pero aquellas aguas, pensándolo bien, ¡nunca las había visto antes! ¿Dónde era que estaban? Volvió al campo, rebuscó y no pudo dar con ello. Y unos días después no pudo más y se dirigió al santo: “tú sabes, jamás te pido explicación, pero esta vez…” “A ver”, le respondió el bañista, “si el Pozo de Mirian que acompañó milagrosamente a Israel en el desierto, se presenta de pronto entre nosotros, ¿Qué haces tú que no te vienes a bañar en él conmigo? “

Pero esto son poemas, eixemplos; los sueños nos tienen acostumbrados a una complejidad mucho mayor. Los surrealistas respetaban con mimo esa multiplicidad que es la base de la sensación de asombro que nos producen los sueños. Un ejemplo:

“…soy el abuelo, el padre, el hermano, el cuñado, el tío, el yerno, la nuera, el primo, el padrino y el cura del Papa actual, que es sólo un espía disfrazado, un falso hermano al servicio de los Archiduques de los Alisios. Sólo se podrá desenmascararlo mostrando al gentío la flecha del parto clavada en su hombro…”

Los sueños, me parece a mí, apenas toleran su traslación a otro medio que no sea el íntimo ámbito en el que se mueven. Los sueños en cine suelen ser apenas MacGuffins puestos ahí para que los espectadores nos descuidemos y piquemos, y así, despistados, estemos más abiertos al susto que nos van a echar encima. Los sueños, en literatura, son como copias desvaídas de profecías, de estremecimientos: a menudo son sólo recursos para legitimar la acción vigil. El idioma, o el lenguaje de los sueños no es diacrónico a la manera de nuestro día a día.
Los sueños no se dejan fotografiar; suelen salir movidos…