lunes, enero 16, 2012

del sueño a la poesía con la luna como anfitriona.





.........................................................................Es de noche.

Empujados por la oscuridad, duermen muchísimos humanos; y durante sus dormires, suceden incontables sueños. Todos, como los copos de nieve, diferentes entre sí.

No todos duermen, sin embargo, hay quien trabaja, otros salen de fiesta, o pasan la noche en despierta compañía, o se desvelan en soledad.

Como cada noche, la luna se deja ver en el firmamento. Como cada noche, estrena obra de teatro, con su correspondiente vestuario y atrezzo. Nunca igual a los ojos de quienes gustan de ella.

Hay quien empareja la luna con sus vivencias íntimas del momento. Y algunos de entre todos, poetizan con ello.


¿No es esa la luna?
Y la primavera,
¿no es la misma de siempre?
Cómo es que yo solo soy el mismo que era?



 
                                                 



                                                        se preguntaba Narijira.


.










La noche se adentra, la luz de la luna ya ha cubierto media casa,
La Osa Mayor cuelga oblicua y la Osa Menor se desvía.
Esta noche solo yo siento la suavidad del aire primaveral,
por primera vez puede escucharse el chirrido de los insectos a través de mis verdes visillos




 Se decía Liu Fang-P´ing



                                                                   y Sagyo, el farero de la luna,




 
Ni una sombra 
en la faz de la luna... cruza
sin embargo una silueta;
creí que era una nube,
era una bandada de gansos.



2 comentarios:

terapiagestaltpamplona dijo...

Calles y sueños
Ciudad sin sueño
Nocturno de Brooklyn Bridge

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

Anónimo dijo...

EL POETA SE ACUERDA DE SU VIDA

Vivir, dormir, morir, soñar acaso. (Hamlet)

Perdonadme:he dormido.
Y dormir no es vivir. Paz a los hombres.
Vivir no es suspirar o presentir que aún nos vivan.
¿Vivir en ellas? Las palabras nunca mueren.
Bellas son al soñar, más nunca duran.
Así esta noche clara. Ayer cuando la aurora,
o cuando el día cumpliendo el día estira el rayo
final y da en tu rostro acaso.

Con un pincel de luz cierra tus ojos.
Duerme.
La noche es larga, pero ya ha pasado.

Vicente Aleixandre.