viernes, febrero 13, 2009

10.000

...bueno: el marcador de visitas marca 10.000. (bien me sé que de ellas unas tresmilquinientas corresponderán a la veces que yo mismo me visito, ora para subir algo nuevo, ora para leerme y darme placer narcisista, ora para mirar cuantas visitas voy teniendo).


...pero, pero..., como no empecé a contarlas al nacer el blog, sino bastante después, en Marzo pasado estoy contento como no me ni podía imaginar cuando abrí este fantástico trasto que es un Blog. Eso de buscar poemas, y escuchar mis pensamientos y buscar y rebuscar ilustraciones para pegarlo todo , como en un collage, me parece simplemente divino, estupendo. ¡Qué cantidad de cosas me ha permitido decir, y qué eficazmente me acicatea para volver una y otra vez a un tema que intuía inacabable, pero que he descubierto que Es inacabable...!

Para conmemorarlo, voy a tomar unas páginas de "El Décimo Hombre", de Wei Wu Wei, publicado en Ediciones La Llave, traducido por Fernando Mora y David Gonzalez.

Antes que nada: Se trata de un texto que no entiendo. No pillo, no abarco, no comprendo, no desentraño, no alcanzo. Apenas puedo decir que lo estoy empezando a leer despacio.

Su autor fué un inglés, Terence Gray, que firmó como Wu Wei Wei por primera vez a sus 63 años. este lo publicó en Hong Kong a los 68. Este libro, como los otros suyos, va de Metafísica -y de Ontología, apunto-. Su único tema es el de la existencia. Y su método filosófico se enraiza en las enseñanzas de maestros espirituales realizados -siempre aparece citado Ramana Maharshi, el sabio de Arunachala - y en el Ch´an, la vía budista china de la que con el tiempo brotó el Zen japonés.

Ofrezco la hospitalidad de estas páginas a este texto que no entiendo porque no me cuesta nada asumir que no lo entiendo no porque el texto sea incomprensible, sino porque yo, en mis actuales condiciones, no estoy leyéndolo acertadamente. Lo subo para Alguno de mis Diezmil visitantes , para quien lo entenderá, y para quienes que se vean motivados por el enigma -el enigma supremo- hacia el que el texto señala.
Con toda reverencia, ahí va (en dos o tres capitulillos)




“La vida es sueño”, pag 94


Hay un sueño
Pero ningún soñador.
Lo-que-somos es el sueño,
y cada uno de nosotros es soñado.
Todos soñamos, pero nuestros sueños son personales,
y el yo aparente siempre es el centro del sueño.
Sueño el universo, y yo soy todo lo que sueño,
ya que soy, pero nunca un yo.
Sueño el universo y tú lo percibes,
tú que no eres, pero que eres como un yo.


(Nota del autor; Esto no se trata de pseudo-poesía. Los grandes maestros -incluido el Buda- lo han señalado o lo han dicho literalmente.)

Glosa:
" El objeto es soñado, así como también lo son todas las apariencias.

Pero la interpretación conceptual de la percepción – y la percepción misma – tiene lugar a través de los objetos soñados. Esa es, precisamente, la función de los fenómenos sensoriales.

Aunque los objetos son soñados, también son básicamente órganos de interpretación cuya función interpretativa permite la aparición del universo. De este modo, todo es soñado por los seres sensibles, aunque lo que soñemos sean réplicas personales microscópicas, ejemplos de los sueños de segundo grado que constituyen nuestras propias vidas. En lo fundamental, ambas clases de sueños son, como el Buda señalara implícitamente en el Sutra del Diamante, idénticos. lo mismo han dicho numerosos maestros, aunque ninguno de manera tan categórica como Vasishta, quien afirma que, entre ambas categorías de sueños, -es decir, los sueños que soñamos cada noche y el sueño en el que todos nosotros somos “vividos”, -no existe diferencia alguna.

Todo lo que conocemos o podemos conocer, por tanto, se halla en la mente, como señalan el Lankavatara-sutra y otras escrituras y también han declarado de manera explícita o implícita, tantos grandes maestros.

Es, de hecho, el mensaje último de las enseñanzas budistas, como es también el mensaje del Sutra del Diamante, de la Maha-Ramayana y del núcleo esotérico no solo de las grandes religiones, sino también de las menores, con la única salvedad de que, en el caso de las religiones más sencilla y dualistas, el soñador suele identificarse y personalizarse como “dios”, mientras que el Advaita y otros sistemas no-duales reconocen que el soñador es “lo-que-somos”. Con independencia, no obstante, de que sigan un sistema más o menos dualista, cuando tiene lugar el despertar, los seres realizados siempre acaban reconociendo su identidad última con la Deidad".

1 comentario:

PILAR dijo...

Cen centos de parabens, o menciñeiro de soños!