martes, febrero 10, 2009

Instrucciones para irse a dormir.

La Editorial Pre-Textos publicó el año 96 "Gracias, niebla", de W.H.Auden, en traducción de Silvia Barbero. Incluye un prólogo genial de Felipe Benitez.

Auden murió en 1973, y el libro salió el 1974. Son pues poemas de su última época. "Ninguno de nosotros es tan joven/ como antes. ¿Y qué?/ La amistad no envejece", dice al dedicárselo a dos de sus amigos.


Quiero con esto decir que estas "Instrucciones..." son aotoconsejos dichos de viejo a viejo.
Aquí, los tomo como de utilidad universal

Está dedicado a Pepe Valero, que, por lo visto, iba él galopando camino de Itxlán y..., se ha caído del caballo con gran quebranto de costillas, y otras vísceras. Si los dolores fuesen compartibles, estaría yo entre la turba de amigotes suyos esperando recoger el correspondiente cachito...

...que tengamos todos buenas noches.



CANCION DE CUNA


Mitigado el estruendo del trabajo
declina un nuevo día
y sobreviene la oculta oscuridad.
¡Paz! ¡Paz! Despoja tu retrato
de irritación. Descansa.
Tu rutina diaria está cumplida:
has sacado la basura,
has contestado algunas cartas engorrosas
y pagado el envío a reembolso
todo frettolosamente.
Ahora tienes licencia para reposar,
desnudo y desovillado,
y yacer en tu cama, disfrutando
de su grato microclima:
Canta, Bebé Grande, canta una nana.


Los antiguos griegos lo interpretaron mal:
Narciso es un vejestorio
amansado por el tiempo, liberado por fin
del ansia de otros cuerpos
resignado y razonable.
Durante muchos años envidiaste
a los tipos hirsutos y viriles.
Ya no: ahora acaricias
tu arne casi femenina
concreciente satisfacción,
imaginándote autosuficiente
y falto de pecado
a gusto en la guarida de tí mismo,
Madonna y Bambino:
Canta, Bebé Grande, canta una nana.


Que tus últimos pensamientos sean agradecidos;
alaba a tus padres, que te dieron
un Super ego de fortaleza
que de tantas molestias te libra,
enumera a tus amigos y salúdalos a todos,
paga luego un tributo equitativo
a tu edad, por haber nacido
cuando naciste. En tu juventud
te fue dado conocer
hermosos artilugios antiguos,
pronto proscritos de la tierra:
compuertas, cilindros
y ruedas hidráulicas que giraban
más de lo previsible.
Sí, amor mío, has sido afortunado.
Canta, Bebé Grande, canta una nana.


Y esto para el olvido: deja
que la voluntad del vientre tome posesión
debajo del diafragma
en el dominio de las Madres.
Ellas que vigilan las Puertas Sagradas,
sin cuyas advertencias mudas
el verboso Yo
se convierte en un déspota vicioso,
obsceno, incapaz de amar,
desdeñoso, de condición ambiciosa.
Si los sueños te rondasen, no les prestes atención,
porque todos, horribles o dulces,
son bromas de mal gusto,
y su insignificancia no merece la pena.
Duerme, Bebé Grande, duerme a pierna suelta.

1 comentario:

Pepe dijo...

Querido Francis:
Midieronme las costillas, como al ingenioso hidalgo, no habitantes de venta alguna sino algunas piedras de los campos de la Alcarria tras ser abruptamente descabalgado contra ellas por Rocinante ajeno, que no era el mio, y midieronmelas con gran quebranto de varias de ellas, de cinco concretamente, que fueron rotas por su arco intercostal bajo el omóplato izquierdo lugar que con tal estropicio más que en punto de encaje castanediano aquíahora lo siento de desencaje según escribo sentado con gran esfuerzo y baile de posaderas y otras zonas de mi cuerpo que permanentemente negocian entre ellas cual cede y cual se adapta para dejar que el aire penetre en las inspiraciones y se exhale en armónica sinfonía de aysss pero, al menos, con volumen más discreto...
en fin, querido Fracis, quiero de corazón -víscera no afectada, bendito sea- agradecerte a ti y demás turba de amigotes vuestra inquietud por mis huesos y el cuidado y oraciones que me habeis testimoniado y que han permitido mi paulatino encuentro con el esquivo sueño alejado de sus horizontales modos. Así pues, me aplico la nana:
"ahora tienes licencia para reposar, desnudo y desovillado y yacer en tu cama, disfrutando de su grato microclima, canta Bebe Grande, canta una nana.."
Loado sea tu VER al otro, Francis, y bendito tu sabio y sencillo corazón que tanto cuida.
Te quiero
PepeValero