lunes, octubre 27, 2008

Me contaron


A veces encabezo uno de estos articuletes del Blog con “...me contaron...”, y ya luego sigo endosando un relato de algo que me tocó escuchar, a menudo, de primera mano; tras veces, de segunda o de tercera. Hay sueños escuchados en sesión -y editados con el necesario beneplácito del interesado-, otros pillados en la calle al pasar, o en la radio... Hoy presento uno que me contó el mismísimo Don Alvaro Cunqueiro, muy concretamente en la página 51 de la recopilación de “Fábulas y Leyendas de la Mar” que Don Néstor Luján entregó a Tusquets editores para que con ello hiciesen el número74 de su colección “Marginales.”

Que a menudo ha soñado, nos dice, con el momento en que San Gonzalo muere y su alma sube al cielo acompañada “del corderillo”.. Y aquí hay que irse para atrás, a buscar la historia de San Gonzalo y la del corderillo, y entonces nos toparemos con un mozo muy de orden que publicó, su primer escrito bajo el pseudónimo de Alvaro Labrada, una hagiografía peculir de este santo, “español, nacido en Portugal”, que, a fuerza de rezos, desbarató una razzia de los piratas vikings en sus tierras de Galicia; y más tarde, se retiró a la tranquilidad de la vida eremítica empleando sus asuetos en construir puentes sobre los ríos a beneficio de los lugareños. Llegó a obispo de San Martin de Mondoñedo.

Pues bien: su fama de mañoso constructor llegó en cierta ocasión hasta el fondo de las aguas, de donde surgió una figura singular. Era

un anciano, de celestes ojos, hábito corto, descalzo de pié y pierna. Algas, percebes, mejillones,llevaba adheridos al hábito, como si fuese roca de bajío
“Soy el abad de Guidán, señor obispo. Bajo las olas tengo iglesias, monjes y un rebaño de ovejas. Con un Sudeste se cayó la espadaña de la iglesia y se levantó el tejado. ¡Quería que me prestases un albañil!”
y un albañil, al que tenía trabajando junto con los canteros en San Martín, se fue con el monje y a los pocos días regresó.

.- ¿qué viste?

.- Pues, señor, una iglesia pequeña y una huerta grande, con manzanos tabardillos. La espadaña quedó buena. Me dió el abad este corderillo rasalbillo para que me lo coma por Pascua Florida.

.- ¡Te lo compro por dos monedas de León! .- dijo el obispo. Y desde entonces, el cordero siguió a Gonzalo a todas partes”.

Y es con ese corderillo -que, por cosas de las santidades de su dueño se quedó para siempre en eso, en corderillo- con el que soñaba Cunqueiro. Y, aunque le acompañase a menudo en sus dormires, ermina confesándonos que, algunas veces, incurrió en el sacrílego pensamiento de qué tan rico hubiese resultado un corderillo submarino asado...
En sus sueños, San Gonzalo le salía a menudo bajo formas protectoras: de madre, de guardia, de San José... Aquí le vemos en noble figura canina.

2 comentarios:

Bremaneur dijo...

Es una gozada leer un blog donde se habla tanto de Cunqueiro. Muchas gracias.

PILAR dijo...

Concordo.
Y añado dos libros para perseguir pacientemente: "O reino da chuvia" y "Cunqueiro na radio"-también en castellano " Cunqueiro en la radio: cada día tiene su historia y otras series"