miércoles, noviembre 30, 2011



Paul reflexiona en su comentario acerca de si lo que le sucediera a Caedmón fué lo que se suele llamar la inspiración.
Desde luego, sí que parece serlo: la llegada del espíritu a la mente de un hombre común. Así les sucedía a los llamados en el antiguo Testamento "profetas".

"Don de la ebriedad", llamó a esa enajenación Claudio Rodriguez; y contó en este famoso poema suyo cómo era que le llegaba a él la poesía, "la claridad".

¡Oh, claridad sedienta de una forma!

Tenía 17 años, y lo escribió "andando por el campo"





Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?

Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

Claudio Rodríguez

jueves, noviembre 24, 2011

Acción de gracias

Muchas, muchas  gracias, queridos Anónimos, por ayudarme en mi búsqueda. Los nombres de quienes habeis evocado son formidables: Myrddin, Merlín, Taliesín, Gwión. Un universo es sí mismos.
Se juntaron pues estos tipos y me condujeron de la mano por los pasillos de mi desmemoria hasta Jorge Luis Borges, quien recoge en "Antiguas literaturas germánicas" la leyenda que Beda el Venerable cuenta acerca de Caedmon, el primer poeta anglosajón del que queda memoria, y el personaje que yo buscaba.
Cuenta Beda que Caedmon era un hermano lego, pastor en el monasterio de Streonæshalch (hoy conocido como Abadía de Whitby).


Este hombre había vivido en el mundo hasta alcanzar una avanzada edad y nada había sabido de versos. Solía concurrir a fiestas donde se había dispuesto, para fomentar laa legría, que todos cantaran por turno acompañándose con el arpa, y cuantas veces el arpa se le acercaba, Caedmon se levantaba con vergüenza y se encaminaba a su casa: Una de esas veces dejó la casa del festín y fue a los establos, porque le habían encomendado esa noche el cuidado de los caballos. Durmió y en el sueño vio un hombre que le ordenó: "Caedmon, cántame alguna cosa." Caedmon contestó y dijo:  "No sé cantar  y por eso he dejado el festín y he venido a acostarme." El que le habló le dijo: "Cantarás." Entonces dijo Caedmon: "¿Qué puedo yo cantar?" La respuesta fue: "Cántame el origen de todas las cosas." Y Caedmon cantó versos y palabras que no había oído nunca,  (hasta aquí Borges)

 

(en esta fotografía se vé a Caedmon: es el hombrecillo agazapado a la derecha y el rey 
coronado con su gaita colgando y recitando sus cantos ante los escuchas)

Al despertarse a la mañana siguiente, Caedmon recordó el sueño, y añadió versos al poema.  Caedmon realizó una amplia obra, con muchos poemas en lengua vulgar sobre una variedad de temas cristianos.
Después de una vida larga, Caedmon murió como un santo: presintió que iba a morir y pidió que lo trasladaran a la residencia para enfermos terminales donde murió, después de haber reunido a sus amigos en torno suyo.

Su recuerdo me vino a visitar una de estas noches,y por la mañana no sabía si la orden que recibió en sueños fué "Canta!" ó "Cuenta!". Tampoco es que haya tanta diferencia...

Por cierto, este sábado, en el novísimo edificio de la UPV, en Abandoibarra, a eso de las 8 de la tarde -y al precio de 20 euros, todo hay que decirlo- cantará o contará Amancio Prada. Os lo dice un fans.

Gracias de nuevo.

domingo, noviembre 20, 2011

Petición de ayuda

Hola!
 lectora, lector. estoy buscando - y no encuentro- el nombre de un personaje.
Para mí que irlandés pero, puede ser que me equivoque
Fué una persona -posiblemente se trate de un personaje al menos medio mitológico- de muy baja extracción social: criado, siervo, analfabeto desde luego, no instruído, torpe, tímido. Y vivió en tiempos medievales, o antes antes...
Cierta noche, agobiado, se ausentó del banquete que se celebraba en la cas de sus amos, agobiado porque todos cantaban, componían, recitaban, y él nada de todo eso. Banquete medieval, quiero decir, con sus escaños y su orden en la distribución de asientos...
Se refugió en la cuadra, o en un cobertizo. Posiblemente se durmió y en sueños se le apareció una entidad; -pero tal vez esa entidad se le apareció sin que mediase durmición por su parte-.
¿Qué haces tú aquí? le fué preguntado. /Todos saben las historias y los versos y  yo no... / ¡CANTA!, se le dijo -o tal vez, ¡¡¡ CUENTA!!!- Cuenta acerca de todas las cosas.
Así lo hizo, su voz se soltó, y cantó la mar, los salmones, los ríos, la noche, la venida del redentor, las mozas, las manzanas... convirtíéndose desde entonces en inspirado poeta.

¿Sabeis orientarme hacia la fuente de tal relato? ¿El nombre de este poeta? ¿Irlandés islandés. inglés, galés...?

Os quedo muy agradecido
Francis.

domingo, noviembre 13, 2011

Aquiles Tacio, que vivió en Alejandría en el siglo II, pensaba que…

…”es un recurso favorito de los poderes superiores cuchichear por la noche lo que reserva el futuro, no a fin de que podamos inventar una defensa para prevenirlo (pues nadie puede situarse por encima del destino), sino para que podamos llevarlo con más ligereza cuando llegue. El rápido descenso de acontecimientos imprevistos, que llegan a nosotros todos al mismo tiempo y de manera repentina, sobresalta el alma y la abruma; pero cuando se espera el desastre, esa misma anticipación mediante pequeños incrementos de inquietud, suaviza el borde afilado del sufrimiento.”

(Cox-Miller: Los sueños en la antigüedad tardía).

viernes, noviembre 11, 2011

y también -desde buenos Aires- dijo Bioy:

En los sueños rebasamos el presente, 
somos a lo ancho de todo el tiempo que hemos vivido,
  de la totalidad de nuestra experiencia.

Recorremos de nuevo, con nostalgias que vienen del futuro, la casa ya derrumbada.

 

Como los muertos de quienes recordamos la biografía, 
 
nos reintegramos más allá de lo sucesivo y, 

libres del falaz ahora, que otorga indebida realidad 
a lo actual, 
vivimos en el pasado
y en la posteridad.

Adolfo Bioy Casares dijo que...

  "Más exclusivamente que en la vigilia, en el sueño somos nosotros. 
                                Contribuimos con todo el reparto"

jueves, noviembre 10, 2011

Gioconda Belli


Desde Buenos Aires, Assumpta Mateu me envía para el blog este escrito. ¡Gracias, Assumpta!


LOS PORTADORES DE SUEÑOS



En todas las profecías está escrita la destrucción del mundo.
Todas las profecías cuentan
que el hombre creará  su propia destrucción.
Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores;
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.

   Desde pequeños venían marcados por el amor.
   detrás de su apariencia cotidiana
   guardaban la ternura y el sol de medianoche.
   Las madres los encontraban llorando
   por un pájaro muerto
   y más tarde también los encontraron a muchos
   muertos como pájaros.

      Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas
      y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos
      por un invierno de caricias.
      Así fue como proliferaron en el mundo los portadores sueños,
      atacados ferozmente por los portadores de profecías
      habladoras de catástrofes.
      Los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías
     dijeron que sus palabras eran viejas
      y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso
     es antigua al corazón del hombre.

Los acumuladores de riquezas les temían
lanzaban sus ejércitos contra ellos,
pero los portadores de sueños todas las noches
hacían el amor
y seguía brotando su semilla del vientre de ellas
que no sólo portaban sueños sino que los
multiplicaban y los hacían correr y hablar.
De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida
como también había engendrado
a los que inventaron la manera
de apagar el sol.

  Los portadores de sueños sobrevivieron a los
   climas gélidos pero en los climas cálidos
   casi parecían brotar por generación espontánea.
Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias
torrenciales tuvieron algo que ver con esto,
la verdad es que como laboriosas hormiguitas
estos especímenes no dejaban de soñar y de construir
hermosos mundos,
   mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se
   llamaban compañeros,
   que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban
   en las muertes,
  se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se
   ayudaban en el
  arte de querer y en la defensa de la felicidad.

Eran felices en su mundo de azúcar y de viento,
de todas partes venían a impregnarse de su aliento,
de sus claras miradas,
hacia todas partes salían los que habían conocido
portando sueños soñando con profecías nuevas
que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores
y de que el mundo no tendría que terminar en la
hecatombe.
      Por el contrario, los científicos diseñarían
      puentes, jardines, juguetes sorprendentes
      para hacer más gozosa la felicidad del hombre.

Son peligrosos – imprimían las grandes rotativas
Son peligrosos – decían los presidentes en sus discursos
Son peligrosos – murmuraban los artífices de la guerra.
Hay que destruirlos – imprimían las grandes rotativas
Hay que destruirlos – decían los presidentes en sus discursos
Hay que destruirlos – murmuraban los artífices de la guerra.

  Los portadores de sueños conocían su poder
  por eso no se extrañaban
  también sabían que la vida los había engendrado
  para protegerse de la muerte que anuncian las
  profecías y por eso defendían su vida aun con la muerte.
Por eso cultivaban jardines de sueños
y los exportaban con grandes lazos de colores.
  Los profetas de la oscuridad se pasaban noches y días enteros
  vigilando los pasajes y los caminos
  buscando estos peligrosos cargamentos
  que nunca lograban atrapar
  porque el que no tiene ojos para soñar
  no ve los sueños ni de día, ni de noche.

      Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de
      sueños que no pueden detener los traficantes de la muerte;
      por doquier hay paquetes con grandes lazos
      que sólo esta nueva raza de hombres puede ver
      la semilla de estos sueños no se puede detectar
      porque va envuelta en rojos corazones
     en amplios vestidos de maternidad
      donde piesecitos soñadores alborotan los vientres
     que los albergan.

Dicen que la tierra después de parirlos
desencadenó un cielo de arcoiris
y sopló de fecundidad las raíces de los  árboles.
  Nosotros sólo sabemos que los hemos visto
     sabemos que la vida los engendró
     para protegerse de la muerte que anuncian las
       profecías.

Gioconda Belli
http://volandoatravesdelespejo.wordpress.com/2011/02/15/los-portadores-de-suenos/

viernes, noviembre 04, 2011

http://www.tendencias21.net/Cientificos-miden-por-vez-primera-el-contenido-de-los-suenos_a8340.html


Científicos miden por vez primera el contenido de los sueños

Un estudio constata que éstos activan el cerebro de la misma forma que los actos del estado de vigilia


La capacidad de soñar es un aspecto fascinante de la mente humana. Sin embargo, la manera en que se forman tanto las imágenes como las emociones que experimentamos tan intensamente cuando dormimos sigue siendo un misterio. En un estudio realizado en la Sociedad Max Planck de Alemania, un equipo de científicos ha conseguido registrar la actividad cerebral durante el sueño, y relacionarla con contenidos oníricos específicos. Los resultados demuestran que, cuando actuamos en los sueños, la actividad neuronal del cerebro es similar a la de la vigilia. Por Yaiza Martínez.



A la izquierda, actividad de la corteza motora durante el movimiento de las manos en estado de vigilia. A la derecha, actividad en la misma región cerebral al mover las manos durante el sueño. Fuente: Instituto Max Planck de Psiquiatría.
A la izquierda, actividad de la corteza motora durante el movimiento de las manos en estado de vigilia. A la derecha, actividad en la misma región cerebral al mover las manos durante el sueño. Fuente: Instituto Max Planck de Psiquiatría.
La capacidad de soñar es un aspecto fascinante de la mente humana. Sin embargo, la manera en que se forman tanto las imágenes como las emociones que experimentamos tan intensamente cuando dormimos sigue siendo un misterio. 

Hasta el momento, no había sido posible medir el contenido de los sueños y su efecto en el cerebro. Ahora, investigadores de la Sociedad Max Planck para el Avance de la Ciencia (MPG) de Alemania, en colaboración con científicos del hospital Charité de Berlín, han conseguido por vez primera analizar la actividad del cerebro durante sueños específicos. 

Según publica la MPG en un comunicado, los autores de la investigación fueron capaces de hacer estas mediciones gracias a la ayuda de soñadores lúcidos, es decir, de individuos que son conscientes de que están soñando, y también capaces de alterar el contenido de sus sueños. 

El estudio consistió en medir la actividad neuronal de estas personas durante movimientos soñados, aunque voluntarios, y compararla con la actividad cerebral registrada durante la ejecución de movimientos reales, llevados a cabo en estado de vigilia. 

Antecedentes y avance 

Gracias a determinadas técnicas, como el de registro de imágenes por resonancia magnética funcional(IRMf), que permite mostrar en imágenes las regiones cerebrales que ejecutan una tarea determinada, ya se había visualizado e identificado con anterioridad la localización espacial precisa de la actividad cerebral durante el sueño. 

Sin embargo, hasta la fecha, los especialistas no habían podido relacionar la actividad neuronal con contenidos específicos de los sueños porque, para hacerlo, es necesario conocer dichos contenidos, de los que sólo puede informar la persona que sueña al despertarse. 

Además, para una medición de este tipo sería necesaria una coincidencia temporal entre la actividad cerebral durante el sueño específico y el momento del registro de dicha actividad. 

Para salvar estos obstáculos, lo que hicieron los investigadores del Instituto Max Planck de Psiquiatría, en Munich, en colaboración con los científicos del hospital Charité de Berlín y del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas Humanas y del Cerebro en Leipzig, fue beneficiarse de la capacidad de los soñadores lúcidos de soñar conscientemente. 

Como se ha dicho, el sueño lúcido se caracteriza porque, en él, el soñador es consciente de estar soñando e, incluso, puede realizar dentro de él acciones voluntarias. Gracias a este tipo de sueños, los científicos y los participantes en la investigación pudieron colaborar, aunque los segundos estuvieran dormidos. 

Características del experimento 

A los soñadores se les pidió, en primer lugar, que tomaran conciencia de su sueño mientras dormían en el interior de un escáner de resonancia y que, cuando alcanzasen ese estado de lucidez, lo comunicasen a los investigadores mediante movimientos oculares.

Paciente en un escáner IRMf. Fuente: Instituto Max Planck de Psiquiatría.
Paciente en un escáner IRMf. Fuente: Instituto Max Planck de Psiquiatría.
Además, los científicos pidieron a estos individuos que, mientras soñaban, apretaran repetidamente voluntariamente su puño derecho y, después, también su puño izquierdo, durante un periodo de diez segundos. 

Estas acciones permitieron a los autores del estudio registrar el acceso al denominado sueño REM, una fase en la que los sueños son percibidos de manera particularmente intensa. El registro fue hecho con la ayuda de un electroencefalograma (EEG). Los científicos pudieron también detectar el inicio de la fase lúcida del sueño con esta misma tecnología. 

A partir de ese momento, los investigadores midieron la actividad cerebral correspondiente a la parte del sueño en el que los soñadores cerraban sus puños. Esta actividad, aunque onírica, provocó que se pusiera en marcha una región de la corteza senso-motora del cerebro que es responsable de la ejecución de movimientos reales durante la vigilia. 

El efecto fue directamente comparable con la actividad neuronal que se produce cuando una persona mueve la mano estando despierta, afirman los científicos. 

Visión y planificación durante el sueño 

La coincidencia entre los registros de la actividad cerebral durante el sueño y los registros durante la realización de acciones concretas demuestran que el contenido de los sueños puede ser medido. 

Pero, además, según explica uno de los autores del estudio, el investigador del Instituto Max Planck de Psiquiatría, Martin Dresler, la combinación de la tecnología EEG con avanzadas técnicas de registro de imágenes de la actividad cerebral y con soñadores lúcidos permitiría medir los patrones de actividad del cerebro incluso durante percepciones visuales oníricas. 

Por otra parte, los científicos, ayudados por una técnica conocida como espectroscopia del infrarrojo cercano, consiguieron observar una actividad incrementada en una región del cerebro que juega un importante papel en la planificación de los movimientos. 

Michael Czisch, otro de los autores del estudio afirma que todos los datos obtenidos sugieren que “nuestros sueños no son como el “cine”, en el que simplemente observamos lo que sucede de manera pasiva, sino que implican una actividad cerebral que está vinculada con el contenido de lo que estamos soñando”. 

Entrenamiento para la lucidez 

Según ha publicado SINC, en el presente estudio participaron seis hombres de entre 21 y 38 años. Los registros cerebrales fueron realizados durante tres o cuatro horas en la segunda mitad de la noche, que es cuando la incidencia del sueño es más alta. Los participantes fueron previamente entrenados durante varios años hasta que consiguieron tener sueños lúcidos. 

La utilización del adjetivo "lúcido" para los sueños fue introducido en 1867 por el escritor, sinólogo y especialista en sueños francés Léon d'Hervey de Saint-Denys, en su obra “Los sueños y cómo controlarlos”. 

La mayoría de los sueños lúcidos suceden en la etapa de sueño paradójico o fase REM, y se dan espontáneamente o a voluntad, gracias al aprendizaje. La consciencia de soñar le da al soñador la posibilidad de controlar deliberadamente, no sólo sus acciones, sino también el contenido y desarrollo de los sueños. La capacidad de reconocer y controlar los estados oníricos fue mencionada ya en textos budistas del siglo VII. En Occidente se ha estudiado el fenómeno en condiciones de laboratorio desde finales de los años 70 del pasado siglo.

domingo, octubre 16, 2011

La vida es sueño, dijo Vinicius de la Barca


Escucho estas palabras, que no siempre comprendo
me dibujan espacios repletos de rincones,
la promesa de vida, las aguas bautismales,
el batxoqui, la fiebre, la ladera encarnada,
el musgo, los gitanos, las cejas que preguntan
es el blanco y el negro, la secuencia y el vals...
Es la vida es la vida es el sueño es el sueño,
son las aguas de marzo...
 un trabajo precioso...

viernes, septiembre 23, 2011

Inka Martí: Cuaderno de Noche. Editorial Atalanta 2011.



Estoy en un campo de olivos. Anochece.
De cada arbol penden varias serpientes.
  (13/ 5/ 2010)

 Este breve texto es uno de los sesentaicinco que conforman el libro "Cuaderno de Noche", de Inka Martí. La ilustración es de alciato, a quien he acudido sin vacilaciones para encontrar un correlato gráfico que produjese en mí algo semejante a lo que producen las palabras de la autora.

El libro es precioso. En la tapa fotografías de la autora, nocturnas. Provienen de

http://issuu.com/atalantaweb/docs/oniricos
que es todo un libro de paisajes (visitar esa página es una buena idea...) . Libro virtual y libro "de los de antes" vienen a ser partes de una única cosa.
Sesentaycinco sueños, contados con la mayor concisión. Sueños tal cual: la primera escena ya es un mundo con sus propias leyes; la última simplemente nos arranca de ese mundo que, con toda seguridad, continúa existiendo y pariendo sucesos, inaccesible para nosotros, por los siglos de los siglos.

El formato del libro, su brevedad, su prosa traslúcida, me recuerdan a Las Ciudades Invisibles. Y eso que son proyectos totalmente opuestos: Calvino traduce sus experiencias en descripciones de ciudades que a menudo nos saben a puros sueños, mientras que Inka Martí retrata sus sueños y deja que sus cualidades despierten en nosotros ecos de experiencias propias. Pero... "Estoy en una plaza rodeada de edificios modernos... al dar la vuelta a uno de ellos, me encuentro con una catedral que tiene en un extremo una torre muy alta... la torre se eleva hacia el cielo y en la cúspide distingo a un grupo de personas desnudas, con el cuerpo sonrosado...tienen los brazos en alto  y, como atlantes, sostienen sobre sus hombros..."

Claro que se parece más a un libro de poemas que a ninguna otra cosas. Claro que solo puede ser leído fragmentariamente, un minicapítulo ahora, otro ahora, otro ahora... Claro que a veces insufla desazón y otras sosiego: es una obra plenamente surrealista, y ya sabíamos que el surrealismo es lo que tiene... Claro que apenas encaja en ningún género, porque desde luego no es poesía, ni narrativa, ni psicología. Claro que habría que pasarse unos siglos debatiendo antes de determinar si realmente Martí es la autora o si solo es la trascriptora de algo que la inunda noche tras noche, y en este caso, ¿quién fué el autor? ¿Morfeo, Hipnos, tales o cuales descarnadas alimañas de la noche?

Es, en todo caso, un buen libro, que ennoblece una biblioteca. 



Don Alvaro Cunquerio, decía al respecto...

Recientemente, el Padre Festugiére, O.P., ha desmentido pieza a pieza la historicidad de Jorge de Capadocia, San Jorge Matadragones, el Sant jordi de los catalanes y el San Xurxo de nuestras aldeas. Nunca estuvo, dorado, con el pié en el estribo, dispuesto a montar a caballo para ir contra el draco envuelto en la mirada azul de la princesa, como en la tabla de Pisanello. Repito: no hubo tal Jorge. Pero, ¿y los que le rezaron, los que le pidieron ayuda en la hora de las estrepitosas batallas, en la soledad de los caminos, en la enfermedad y en la desgracia? Muchos recibieron la ayuda que pidieron, el consuelo que necesitaron, la salud que demandaban. No habría tal Jorge, pero alguien escuchaba y acudía.  ¿Qué fuerzas convoca el hombre cuando reza en plena libertad y sumisión? Esta es la cuestión.

Y me viene a los labios hoy mismo porque buscando unas fotografías en mis carpetas me encuentro con dos, obra de mi amigo Bene. Las obtuvo un día en que fué peregrino a Compostela, a la tumba de Jacobo.
En la parte interior del parteluz, en el Pórtico de la Gloria de la basílica, está, en piedra, un hombre arrodillado. Aseguran que es el maestro Mateo, el escultor que labró el Pórtico. Aseguran que golpeando la cabeza con la suya, el que golpea aumenta de inteligencia, de despeje de mente. Esta vez golpeaba una mujer, una campesina sobre la cincuentena. ¿Qué estaría pidiendo? ¿Memoria, entendimiento, voluntad, fantasía?  La mujer tiene en la foto un rostro grave, puede decirse que patético. Seguro que no le pide a Mateo argucias para un pleito. Más me parece que le pida un cómo saber del sosiego, la ciencia inmensa del vivir tranquilo, que debe comenzar por huida de nosotros de los pensamientos no pacíficos, por la intrusión de la generosidad cordial en el telar incesante de la mente. ... (fechado en mayo de 1973).

viernes, septiembre 16, 2011

cuento 4

"En fin, que cuando se cumplía el año de aquella visita al sabio, estaba otra vez 
andando desde la población hasta  su choza. El camino, esta vez,  se me hizo cortísimo. Le llevaba como obsequio una estrella de plara que había labrado para mí un platero; sentía que darle las gracias más profundas era parte inseparable de mi vida. Ya nada era como había sido. Estaba en pié, ante los hombres y ante dios, y cada paso mío procuraba honrar este mundo incomparable. Había encontrado Paz para mí.

 Escuché un perro, y era un perro pequeño, pero chillón: a sus ladridos un hombre salió de la choza y me miró. “¿Qué se le ofrece, señor?” “Vengo a visitar a Don Crispín; quiero darle las gracias por algo que hizo por mí”. “Pues aquí me tiene, yo soy Crispín”, contestó. Era un hombre joven, extremadamente grueso, con el pelo rizado muy oscuro. “Disculpe, pero no: yo quiero hablar con don Crispín. Hoy hace un año que me atendió en una consulta...” “¿Hace hoy precisamente un año, dice usted?, preguntó el gordinflón, y se echó a reir como un loco ante mi desconcierto. “Pero, pase, pase, por favor, pase adentro y no se ofenda; yo le voy a explicar, le prometo que le voy a explicar”

y, entre risas y exclamaciones me contó que precisamente un año atrás se decidió a hacer un viaje que venía postergando desde tiempo atrás un viaje a la capital, y que estuvo ausente por tres días; y a la vuelta, se había encontrado todas sus cosas revueltas, y le faltaban el hornillo, un par de objetos sagrados y un zurrón con el que salía a recolectar yerbas; y que por aquello se había decidido a seguir el consejo de sus amigos de hacerse con un perrillo que le defendiese... y así se fué aclarando el misterio "así que hablé con un ladrón!", decía él "Así que el ladrón habló con usted en ver de afusilarlo", decía Don Crispín.- A eso venía lo del “no se levante, al suelo, no me mire...!”


¿Y el consejo? ¿Y lo del sonido de estrellas? Eso nunca se pudo aclarar. El ladrón debió de reaccionar sin pensar, y soltó lo primero que se le cruzó por la cabeza...

Lo demás -dijeron el uno tanto como el otro mientras compartían unos tragos y admiraban el trabajo del orfebre y qué hermosamente había grabado "sonido" en aquella estrella-, lo demás lo hicieron la desesperación, la necesidad, una llamita diminuta, la inmensa noche, una hermana compasiva, la verdadera entrrega incondicional, el amor..


(A partir de un relato escuchado a Memo Borja).

cuento 3


“No se puede contar todo aquello”, dice hoy en día, cuando se arranca
a compartir lo que fué su vida a partir de aquella noche”. “Sonido de estrellas...me hizo darme cuenta de que jama´s había silencio dentro de mí. Siempre, pero siempre, estaba considerando, evaluando, revisando, matizando, juzgando... ni estaba siquiera seguro de que las estrellas no suenan. La noche me dió su silencio, sí,  pero es que yo, por primera vez, lo acepté.
 ¿Qué persona era yo que ni oía lo que me rodeaba, noche a noche, desde mi infancia? Empecé a mirar a los animales por ver si les notaba sus reacciones a los sonidos; la primera mañana le regalé medio desayuno a un chucho solo porque al chistarle movía una oreja y miraba hacia mí!. Los pájaros, cuando uno pasa andando; las ratas de matorral; hasta las plantas me parecía que se encogían cuando se escuchaba llegar un camión. Sonido de estrellas, ¿Qué otros sonidos no me dejaba oir yo?

Estuve allí tres semanas y al cabo me vino el antojo de volver a mi ciudad. Entré en mi departamento
y lo encontré silencioso y familiar, y allá me quedé como otro mes más. Salía de noche a los supermercados de las afueras para no toparme con nadie conocido, y me aprovisionaba de tabaco, bebida y comida. Entretanto miraba y miraba alrededor, porque allá, en mi barrio, las estrellas no se alcanzan a ver, pero las calles y los movimientos de las personas también me devolvían aquella sensación de gran espacio vacío que tuve entre los riscos. Una tarde escuché ruidosde pelea y vi llegar a tres ayudantes del sheriff, y mis ojos se posaron en aquellas estrellas que adornaban sus camisas y me sentí un mero chico, un niño ante los representantes de la ley; y me volviéron los llantos, acordándome de tantos meses de huida, de ocultarme, de miedo a ser descubierto, "agárrate fuerte a mí...", easas canciones... Otra vez se me cayó una botella de limonada al suelo y pasé toda la noche riéndome de cómo se había estrella...do y aún volví a la tienda y compré y estrellé media docena más, gozoso como hacía muchos años que no lo estaba...

...y, ¿la vez que fuí cinco veces en una semana a ver aquella película, “El Misterio de la Estrella”?

Pasó el mes y me acerqué hasta el taller donde trabaja mi hermana. Ví que me miraba con miedo, y enseguida me fuí, pero a los tres días volví y dos semanas más tarde le invité al cine. Empezó a hablar
de papá y mamá y me sentí enfurecer; para no salir dando un portazo, dije que me iba a los servicios. Mientras daba vueltas, con las tripas anudadas del disgusto, pasaron ante mí cuatro mujeres; una de ellas lucía bombo de embarazo. “sonido de estrellas, sonido de estrellas”, empezó en mí el soniquete, “son nido de estre.., ellas son nido de estre, ellas son nido, Ellas Son Nido”. Volví adonde estaba mi hermana y le pedí que me acompañase a dar un paseo. “Hermanita, le dije, ¿te puedo contar ciertas cosas ... de mi vida? ¿Podrías darme el brazo para enlazarlo con el mío? Quiero contar a alguien... quiero contarte a ti... necesito contarte... cómo me porté con la Glori, ¿te acuerdas de la Glori? Y con la Mericuant, aquella que siempre iba con minifalda, que le andábamos...” Me acompañó hasta casa y se fué a las tres y media de la mañana, dejándome adormilado, con una pastilla de dormodor. Toda mi dureza, mi absoluta falta de respeto, mi esquiva manera de ponerme ante ellas, el daño, sí, el daño que había ido haciendo mujer tras mujer, tratándolas a todas cono a culebras ponzoñosas de las que desconfiar, como cabras a las que ordeñar... para irme quedando más y más lejos, más y más solo... todo eso salía y salía de mí junto a mi hermanita, llena de lágrimas. Un mes más tarde, cenando con ella y su novio, empecé a poder hablar de mamá.  


cuento 2


 
Llegó al pueblo, rondó por la plaza, se emborrachó sin tasa, salió a la carretera,
se vió montado en un bus, cayó la noche, y otra noche y se emborrachó y se dirigió a la sierra
 y trepó hasta los riscos y escogió el cortado más alto y la noche se le echo encima, y decidió que se tiraría al vacío con las luces del alba. En pleno insomnio le volvieron una vez más a la memoria
las palabrazs sin sentido del brujo loco, “sonido de estrellas”, y cuando iba a adornarlas con insultos
 y amargura se dio cuenta de que había estrellas visibles sobre su cabeza.

 “Sonido de estrellas, sonido de estrellas, ¡pero qué sonido ni qué sonido, las estrellas ni suenan",
y por un momento se calló. Se calló en su última noche, solo por ver si es que las estrellas sonaban
y él no se había enterado... Se calló y percibió el silencio. El silencio de la noche. Que le regaló la dimensión mayúscula del firmamento. Se echó sobre su espalda sin ningún objetivo y la noche le recibió,
le incluyó. Le refrescó. Y le dió un atisbo del sabor del reposo.
 Sin saber cómo ni cuando llegó la aurora, y sin prisas se echó a andar hacia un cerro, y en silencio todavía alcanzó la sombra de una arboleda, bebió y se refrescó en  una fuente nunca antes vista y, como por primera vez en muchos años, olió un humillo sabroso. Desayunó en el figón de carretera mientras la muchacha charlaba con otros y se reía y pasaban los camiones: el perro de la casa se llevó media ración
de su tocino. Preguntó por el próximo bus pero antes de que llegase había entrado en la cocina para preguntar si conocían en la vecindad alguien que alquilase una habitación. Era amplia de tamaño,
aunque oscura, pero allí se aposentó y pasó su primera noche de darle vueltas a la frase aquella: Sonido de estrellas”.


Un cuento adaptado 1


Tenía únicamente la vida: ni amigos, ni pasado, ni rumbo ni esperanza. 
Todo lo había ido perdiendo a lo largo de años de lucha denodada por hacerse un hueco en un mundo
que ni comprendía ni amaba. Una llama apenas perceptible ardía en su pecho; una llama mezcla de pundonor y vergüenza y lástima de sí mismo y horror de dañar aún más a su madre; por respeto a esa llamita se arrastró por todo el pais para ir a consultar a don Crispín, un hombre sabio de los Purépecha cuyo nombre retenía en la memoria por haberlo escuchado en una pulquería un día de enero.

La choza donde le indicaron que vivía Don Crispín estaba tan lejos como uno pueda imaginarse, y así
de solitaria. Ni un perro se dió por enterado de su llegado. Desde detrás de unos saguaros se detuvo mirando aqul umbral cubierto por una manta rota donde había ido a buscar... a buscar, ¿qué?
 La rabia, el despecho tiraron de sus piernas hacia atrás, rumbo a la muerte, y al mismo tiempo el dolor
 lo jaló hacia adelante y corriendo, sollozando, como diablo que lleva el alma irrumpió en la choza chillando “Don Crispín, Don Crispín, ayúdeme!!"

¡AL SUELO PENDEJO, AL SUELO PENDEJO, DE RODILLAS, DE RODILLAS! Oyó que le gritaba el hombre sabio- ¡NI ME MIRES, PENDEJO, AL SUELO, DE RODILLAS!! -
 Aquello terminó por romper la poca contención que podía todavía sostener: un llanto irrefrenable le partió el pecho y berreando trató de contar y de pedir al mismo tiempo la historia de su dolor y rumbo para su alma. “le dije /no pudo/ pero cuando/ayúdeme/ solo usted puede / no lo hubiera...dígame algo, por diós, dígame algo !!”
¡CÁLLATE, CARAJO! ¡CÁLLATE! -logró callar entre hipidos y escuchar mientras don Crispin se quedaba en silencio... SONIDO DE ESTRELLAS. ¡SONIDO DE ESTRELLAS, eso es, SONIDO DE ESTRELLAS, ¿TE ENTERAS, GÜEY? ¡SONIDO DE ESTRELLAS!!! Y AHORA MEDIA VUELTA Y VETE! ¡¡¡VETE!!! ¡NI ME MIRES, CABRÓN, AFUERA! ¡SONIDO DE ESTRELLAS!

¿Qué? ¿Qué le estaban diciendo? ¿Qué  le decía aquel viejo de mierda? El desesperado en que
se había convertido alzó por un momento los ojos y entrevió por un instante un escopetón a medio metro de su sien y una cabeza rubia desde donde salían aquellos gritos ¡NO LEVANTES LA MIRADA! SONIDO DE ESTRELLAS!. Reculó hasta la salida, fué de nuevo presa del sollozo y se dejó ir tironeado por su instinto de conservación que quería  poner mil millas entre él y aquella bocacha de revólver...

jueves, septiembre 08, 2011

Hoy es Jueves, el día de contar la historia de Muskil Gusha





(Esta es la historia de Muskil Gusha ,tal y como la cuenta
-jueves sí, jueves también-  
Suzy Stroke)




HISTORIA DE MUSHKIL GUSHÁ

Junio 2010)


“Había una vez, a menos de mil millas de aquí, un pobre leñador viudo que vivía con su pequeña hija. Todos los días iba a las montañas a cortar leña para hacer fuego, que traía a casa y que ataba en haces. Después de tomar el desayuno, caminaba hasta el pueblo más cercano, donde vendía la leña y descansaba un rato antes de regresar. Un día, al volver ya tarde a casa, la niña le dijo: -Padre, a veces deseo tener mejor comida, más cantidad y diferentes clases de cosas para comer-. -Muy bien mi niña-, dijo el viejo, -mañana me levantaré más temprano que de costumbre, iré más lejos en la montaña donde hay más leña y traeré una cantidad mucho mayor que la habitual-. Llegaré a casa más temprano y así podré atar la leña más rápido y luego iré al pueblo a venderla para que tengamos más dinero, y te traeré toda clase de cosas ricas para comer-.
A la mañana siguiente, el leñador se levantó antes del alba y se fue a las montañas. Trabajó duramente cortando leña, e hizo un enorme haz que acarreó sobre su espalda hasta la pequeña casa. Cuando llegó, todavía era muy temprano. Puso la carga en el suelo y golpeó la puerta diciendo: -Hija, hija, abre la puerta que tengo hambre y sed, y necesito comer algún alimento antes de ir al mercado-.
Pero la puerta permaneció cerrada. El leñador estaba tan cansado que se acostó en el suelo y pronto se quedó dormido al lado del atado de leña.
La niña, como había olvidado la conversación de la noche anterior, estaba profundamente dormida. Cuando el leñador se levantó, unas horas después, el sol ya estaba alto. Golpeó nuevamente la puerta y dijo: -Hija, hija, ven pronto. Debo comer algo e ir al mercado a vender la leña pues es ya mucho más tarde que los otros días-.
Como la niña había olvidado aquella conversación de la noche anterior, mientras tanto, se había levantado, arreglado la casa, y había salido a caminar. Dejó la casa cerrada suponiendo en su olvido que su padre estaba todavía en el pueblo. Fue así que el leñador se dijo: -Ya es demasiado tarde para ir a la ciudad, regresaré a las montañas y cortaré otro haz de leña, que llevaré a casa y mañana tendré doble carga para llevar al mercado-. Trabajó duro ese día en las montañas cortando leña y dando forma a la misma. Era de noche cuando llegó a su casa con la leña sobre los hombros.

Puso el atado detrás de la casa, golpeó la puerta y dijo: -Hija, hija, abre que estoy cansado y no he comido nada en todo el día. Tengo doble cantidad de leña que espero llevar mañana al mercado. Esta noche tengo que dormir bien, para sentirme fuerte-.

Pero no hubo respuesta, pues la niña, como sintió mucho sueño al regresar a su casa, se preparó la comida y se fue a la cama. Al principio estuvo preocupada por la ausencia de su padre, pero luego se tranquilizó pensando que se había quedado a pasar la noche en el pueblo.
Nuevamente el leñador al ver que no podía entrar en su casa, cansado, hambriento y sediento, se acostó al lado de la leña y de inmediato se quedó dormido. Le fue imposible permanecer despierto a pesar de la preocupación de lo que hubiera podido pasarle a su pequeña hija.
Entonces, el leñador, porque tenía tanto frío, tanta hambre y estaba tan cansado, despertó muy, muy temprano a la mañana siguiente, aún antes de que hubiera luz. Se sentó, miró a su alrededor, pero no pudo ver nada. Entonces ocurrió algo extraño. Le pareció escuchar una voz que decía: -Rápido, rápido, deja tu leña y ven aquí. Si lo necesitas mucho y deseas poco, tendrás una comida deliciosa-. El leñador se puso de pie y caminó en dirección hacia donde venía la voz. Anduvo, anduvo y anduvo, pero no encontró nada.

Entonces sintió más cansancio, frío y hambre que antes, y además se había perdido. Había tenido muchas esperanzas pero eso no parecía haberlo ayudado. Ahora se sintió triste, con ganas de llorar, pero se dio cuenta de que el llorar tampoco le ayudaría. Así es que se acostó y se durmió. Muy poco después despertó nuevamente, tenía demasiado frío y hambre para poder dormir. Entonces se le ocurrió relatarse a sí mismo, como si fuera un cuento, todo lo que había ocurrido después de que su hija le había pedido una clase de comida diferente.

Tan pronto como terminó su historia, le pareció oír otra voz en algún lugar por encima suyo, como saliendo del amanecer, que decía: -Viejo hombre, viejo hombre, ¿qué haces tú sentado aquí?- -

Estoy contándome mi propia historia-, respondió el leñador. -Y, ¿cuál es?-. El leñador repitió su narración.

-Muy bien-, dijo la voz, y a continuación le indicó que cerrara los ojos y subiera un escalón-. Pero yo no veo ningún escalón-, dijo el viejo. -No importa, haz lo que te digo-, ordenó la voz. El hombre hizo lo que se le indicaba. Tan pronto hubo cerrado los ojos descubrió que estaba parado y, levantando el pie derecho, sintió que había algo como un escalón debajo de él.
Comenzó a subir lo que parecía ser una escalera. De repente los escalones empezaron a moverse, se movían muy rápidamente, y la voz le dijo: -No abras los ojos hasta que yo te lo indique-.
No había pasado mucho tiempo cuando le ordenó abrirlos. Al hacerlo se encontró en un lugar que parecía un desierto, con el sol quemando sobre él. Estaba rodeado de cantidades y cantidades de pequeñas piedras de todas clases: rojas, verdes, azules y blancas, pero parecía estar solo; miró a su alrededor y no pudo ver a nadie. Pero la voz comenzó a hablar de nuevo. -Toma todas las piedras que puedas, cierra los ojos y baja nuevamente los escalones-.
El leñador hizo lo que se le decía, y cuando abrió sus ojos por orden de la voz, se encontró parado delante de la puerta de su propia casa. Tocó la puerta y su hija le abrió. Ella le preguntó dónde había estado, y el padre le contó lo ocurrido; aunque la niña apenas entendía lo que él decía, porque todo le sonaba muy confuso.
Entraron a la casa y la pequeña niña y su padre compartieron lo último que les quedaba para comer: un puñado de dátiles secos. Cuando terminaron, el leñador creyó oír nuevamente la voz, una voz como la otra que le había dicho que subiera los escalones.
La voz dijo: -A pesar de que quizá tú aún no lo sabes, has sido salvado por Mushkil Gusha. Recuerda: Mushkil Gusha siempre está aquí. Asegúrate que todos los jueves en la noche comerás unos dátiles y darás otros a alguna persona necesitada, y contarás la historia de Mushkil Gusha.

De lo contrario harás un regalo en su nombre a alguien que ayude a los necesitados. Asegúrate de que la historia de Mushkil Gusha nunca, nunca, sea olvidada. Si tú haces esto y otro tanto hacen las personas a quienes tú cuentes esta historia, los que tengan verdadera necesidad siempre encontrarán su camino-.

El leñador puso todas las piedras que había traído del desierto en un rincón de su pequeña casa. Parecían simples piedras, y no supo qué hacer con ellas. Al día siguiente llevó sus dos enormes atados de leña al mercado y los vendió muy fácilmente, a muy buen precio. Al regresar a su casa llevó a su hija toda clase de exquisitos manjares que ella hasta entonces jamás había probado. Cuando terminaron de comer el viejo leñador dijo: -Ahora, te voy a contar toda la historia de Mushkil Gusha. Mushkil Gusha significa "El disipador de todas las dificultades". Nuestras dificultades han desaparecido a través de Mushkil Gusha y debemos siempre recordarlo.

Durante una semana, el hombre siguió como de costumbre. Fue a las montañas, trajo leña, comió algo, llevó la leña al mercado y la vendió. Siempre encontró un comprador sin dificultad.
Llegó el jueves siguiente y, como es común entre los hombres, el leñador olvidó contar la historia de Mushkil Gusha. Esa noche, ya tarde, se apagó el fuego en casa de los vecinos. Los vecinos no tenían nada con qué volver a encenderlo y fueron a casa del leñador y le dijeron: - Vecino, vecino, por favor danos un poco de fuego de esas maravillosas lámparas tuyas que vemos brillar a través de la ventana-. -¿Qué lámparas?-, preguntó el leñador. -Ven afuera y verás- , le respondieron. El leñador salió y vio claramente toda clase de luces que brillaban, desde adentro, a través de su ventana. Entró a la casa y vio que la luz salía del montón de pequeñas piedras que había colocado en un rincón. Pero los rayos de luz eran fríos y resultaba imposible emplearlos para encender fuego, así que salió y les dijo: -Vecinos, lo lamento, no tengo fuego- y cerró la puerta golpeándola en sus narices. Los vecinos se sintieron molestos y sorprendidos y regresaron a su casa refunfuñando. Y aquí ellos abandonan nuestra historia.
El leñador y su hija, rápidamente taparon las brillantes luces con cuanto trapo encontraron, por miedo de que alguien viera el tesoro que tenían. A la mañana siguiente, al destapar las piedras, descubrieron que eran luminosas piedras preciosas.

Una por una, fueron llevándolas a las ciudades de los alrededores, donde las vendieron a un enorme precio. El leñador resolvió entonces construir un espléndido palacio para él y su hija. Eligieron un lugar que quedaba justamente frente al castillo del rey de su país. Poco tiempo después había tomado forma un maravilloso edificio.

Ese rey, tenía una hija muy bella, que al despertar una mañana vio un castillo que parecía de cuento de hadas frente al de su padre, y quedó muy sorprendida. Preguntó a su servidumbre: - ¿Quién ha construido ese castillo? ¿Con qué derecho hacen algo así tan cerca de nuestro hogar?-. Los sirvientes salieron e investigaron y al regresar le contaron a la princesa la historia, hasta donde pudieron saberla.

La princesa entonces mandó llamar a la hija del leñador, pues estaba muy enojada, pero cuando las dos niñas se conocieron y hablaron, pronto se hicieron buenas amigas. Se veían todos los días e iban juntas a jugar a un arroyo, que había sido hecho para la princesa por su padre.
Algunos días después del primer encuentro, la princesa se quitó un hermoso y valioso collar, y lo colgó en un árbol próximo al arroyo. Al volver olvidó llevárselo y al llegar a casa pensó que lo había perdido. Mas la princesa, recapacitando, decidió que la hija del leñador se lo había robado. Se lo dijo a su padre, quien hizo arrestar al leñador, confiscó el castillo y le embargó todos sus bienes; el leñador fue puesto en prisión, y su hija fue internada en un orfelinato.
Como era costumbre en ese país, después de cierto tiempo, el leñador fue sacado de su celda y llevado a la plaza pública, donde se lo encadenó a un poste, con un letrero alrededor del cuello que decía: -Esto es lo que les ocurre a aquellos que roban a los reyes-.
Al principio, la gente se reunía a su alrededor, burlándose de él y tirándole cosas. El leñador se sentía muy desdichado.

Pero como es común entre los hombres, pronto se acostumbraron a ver al viejo sentado junto al poste y le prestaban cada vez menos atención. A veces le tiraban restos de comida, a veces no.
Un día escuchó decir a alguien, que era jueves por la tarde. Repentinamente, llegó a su mente el pensamiento de que pronto sería la noche de Mushkil Gusha, "El disipador de todas las dificultades", y que había olvidado conmemorarlo desde hacía tanto tiempo. Tan pronto como este pensamiento llegó a su mente, un hombre caritativo que pasaba le arrojó una pequeña moneda. El leñador lo llamó: -Generoso amigo, me has dado dinero que para mí no es de ninguna utilidad, si de alguna manera tu generosidad alcanzara para comprar uno o dos dátiles y venir a sentarte conmigo para comerlos, yo te quedaría eternamente agradecido.

El hombre fue y compró algunos dátiles, se sentó a su lado y comieron juntos. Al terminar, el leñador le contó la historia de Mushkil Gusha: -Creo que tú debes estar loco-, le dijo el hombre generoso. Pero era una persona comprensiva y a su vez tenía bastantes dificultades. Al llegar a su casa después de este incidente, encontró que todos sus problemas habían desaparecido. Y esto le hizo pensar más seriamente acerca de Mushkil Gusha. Pero él aquí deja nuestra historia.
A la mañana siguiente la princesa volvió al lugar donde se bañaba, y cuando estaba por entrar al agua, vio algo que parecía ser su collar en el fondo del arroyo. Pero en el momento que estaba por recogerlo estornudó, echó hacia atrás su cabeza, y vio que lo que había tomado por su collar era solo su reflejo en el agua. El collar estaba colgado en la rama del árbol, en el mismo lugar en el que lo había dejado hacía mucho tiempo. Tomándolo, corrió emocionada y le contó lo ocurrido al rey. Éste ordenó que el leñador fuera puesto en libertad, y que se le dieran públicas disculpas. La niña fue sacada del orfelinato y todos fueron felices por siempre.

Estos son algunos de los incidentes de la historia de Mushkil Gusha.

Es un cuento muy largo y nunca termina. Tiene muchas formas. Algunas que ni siquiera se llaman la historia de Mushkil Gusha y por eso la gente no las reconoce como tal.

Pero es por causa de Mushkil Gusha por lo que su historia, en cualquiera de sus formas, es recordada por alguien, en sted lugar del mundo, día y noche, donde fuere que haya gente. Así como su historia siempre ha sido relatada, así seguirá siendo contada, por siempre.
¿Quiere Usted repetir la historia de Mushkil Gushá los jueves por la noche y ayudar así al trabajo de Mushkil Gushá?
"Una mano y un pie no aplauden juntos".
)

La tradición Sufi utiliza cuentos de enseñanza como una de sus vías de transmisión espiritual. Estos cuentos  que pertenecían a la tradición oral, son actualmente conservados a través de la recopilación de varios académicos y maestros, y pueden ser encontrados en diversos libros publicados en numerosos idiomas.
Se dice que los cuentos originados en el Sufismo son secretos que se protegen a sí mismos a lo largo del tiempo. Esto significa que su mensaje es atemporal y que contienen enseñanzas que solo pueden ser desveladas de acuerdo con el nivel de conocimiento, capacidad y evolución del individuo que las reciben. Se dice también que cada cuento tiene por lo menos siete niveles de significados, por lo tanto su contenido más sutil se desvela en el momento en el cual el discípulo (o estudiante) esté preparado para recibirlo.
Yo he elegido uno de estos cuentos que está transcrito abajo. Este cuento me ha acompañado por más de tres décadas, y en cada jueves me toca de una forma diferente de las anteriores.
Es también una fuente de mucha alegría cuando participo en ocasiones muy conmovedoras como una reciente que tuvo lugar en mi casa. Era un jueves – en la tradición cristiana se celebraba la semana santa, en la tradición judía se celebraba el Pessach (el éxodo de los esclavos judíos de Egipto llevados por Moisés), y estábamos reunidos tres de mis hijos y cuatro de mis nietos (entre 10 y 5 años de edad).
Empezamos a contar la historia de Mushkil Gushá, y cada uno de los críos contó un trozo de la historia. Todos sabían la historia entera de memoria, la cual les había sido transmitida por mis hijos, que a su vez la recibieron de mí y de la convivencia con mis compañeros de camino cuando ellos eran aún pequeños.
Cada uno de los nietos utilizaba algún término o frase que habían naturalmente traducido desde su entendimiento, como por ejemplo en un dado momento uno de ellos dijo: esa parte de que “y cerró la puerta golpeándole en sus narices” a mi no me gusta, me hace sentir triste, entonces voy a saltarla.
Otro nieto sustituye en el texto “y aquí ellos salen de nuestra historia” por “y aquí ellos se van para la rueda”. Y en el final todos se encuentran en la rueda para que sean felices para siempre.
Es una maravilla percibir que la tradición pasa realmente de padre a hijo, de generación en generación, y seguramente, en consecuencia, algo ocurre en el contexto global de la humanidad.

Suzy Stroke