Nos acompaña y dirige un ingeniero solícito y experto. Andamos por senderos de monte, por caminos embarrados, tomando algunas muestras geológicas, varias de ellas de carbón; yo sigo bien las explicaciones que nos dan y eso me agrada. En un momento, llegamos a cierto punto interesante, como un área de contacto entre facies distintas, cosa que el guía nos explica. Yo agarro una piedra que me llama la atención. Tiene alguna huella fósil, bueno, más que alguna huella, está cubierto -este proceso sucesivo es así: poco, bastante, excepcionalmente de fósiles, de fósiles
notables.“Son nummulos”, dice el ingeniero, quien empieza a apreciar aquella piedra que en principio había pasado por alto. “Eoceno”, digo como para mí, “Eoceno, dice el experto, para mi gran satisfacción.
Me gustaría llevarme la piedra, porque es preciosa, pero... seguramente pertenezca a la ciencia... La dejo allí y, con mis compañeros, doy la media vuelta.
¿Ya se ha acabado la excursión? Bueno, pues volvamos... Advierto frescor y humedad en las piernas, y noto que estoy desnudo de cintura para abajo. ¿Y esto? Me pregunto “Ah, es que al salir tan temprano, me he limitado a echarme un albornoz encima, porque... calzoncillo sí que llevaré, ¿no? Sí, sí que llevo uno, bien que precario...”
De vuelta al Instituto, desembocamos en el mismo pasillo de donde partimos.
“Pero, - me digo-, ¿donde se han metido esos dos, que me quiero ir a cambiar de ropa?
Vaya, han debido de meterse en alguna de las puertas. En esa, no, que es una clase, a ver en aquella..., tampoco, porque se escuchan voces pero desconocidas... Será al lado contrario, seguro. Pero al girarme el propio pasillo es ahora una clase, donde están sentados una veintena de jóvenes estudiantes. Me pongo a preparar, contento de verles, un discursito por si , como visitante, hubiese de dirigirme a ellos. “Yo en su día, estudié geología, qué gran ciencia, que...” Pero todo cuanto pienso me sabe... me sabe a pienso, me sabe a nada: tópicos, lugares comunes, mejor dejarlo...
Ahora estoy en el paseo de Los Llanos, y el día es precioso. Surcan por el cielo cigüeñas, pero
también aves que no reconozco, extrañas y magníficas. Ante mí se muestra, como mil veces antes que hoy, el Zoo Extraño y Bello. Hay grandes pavos reales del más azabache color negro. Una gallina que tiene aferrada una liebre no puede seguir volando con tanto peso y aterriza frente a nosotros; la gallina quiere montar al conejo, y en el restriegue de la refriega ambos devienen en una especie de gatos. Se planta ante mí un gato con una herida en la cara. ...Y un trabajo grupal, cuya organizadora, que ya me venía preocupando, ha entrado en el "síntoma de dos noches sucesivas sin dormir".
...Ventiladores, sonidos, camas, mariposas...



























En La Llave, "Sanar la civilización, de Claudio Naranjo. El Naranjo de La Agonía del Patriarcado, maduro y transparente, y sin la necesaria vergüenza como para andarse con melindres. Directo al corazón de lo humano y de sus conflictos... por lo poco que he leído... 

